“Dear adults, use your power”

“Dear adults use your power”. “Si el planeta fuera un banco hace tiempo que lo hubierais rescatado”. “There is not a planet B”. Son algunas de las pancartas que se han visto recientemente en las movilizaciones del movimiento Fridays for future.

Como solía decir Federico Mayor Zaragoza durante su etapa de presidente de la UNESCO “el mundo es uno o ninguno”. Los jóvenes cuya educación justifica la misma existencia de centros de enseñanza como el nuestro empiezan a preguntarse por qué las condiciones del planeta no dejan de empeorar año tras año sin que haya un planteamiento por parte de nuestros líderes de una acción coordinada, decidida y enérgica para revertir los peores efectos del cambio global. Por el contrario, al mismo tiempo que se desoyen las advertencias de los científicos, se priorizan los enfoques del aquí ahora y nosotros como si aquí no fuera el planeta, ahora no fuera mañana y nosotros no fuera la especie humana.

Las naciones, las corporaciones multinacionales, los grupos de presión, todos tienen representantes que los defienden en el concierto global de intereses económicos y estratégicos pero, ¿quien habla en nombre de la Tierra? “Seamos prácticos”, nos dicen una y otra vez, “hay que priorizar los puestos de trabajo, los incentivos económicos, los intercambios comerciales, los beneficios de las empresas, el ahorro, la inversión, el crecimiento que garantice el sueldo…” Como si preocuparse por el aire que respiramos, el agua que bebemos, los insectos que polinizan nuestras cosechas, la luz que hace posible el oxígeno y el crecimiento vegetal no fuese mucho más práctico que todo eso. Precisamente todas esas cosas que damos por hechas porque el planeta ha sido capaz hasta ahora de proporcionárnoslas gratis.

Pero ahora las actividades humanas han alcanzado tal magnitud que han puesto en peligro el equilibrio fundamental de los subsistemas planetarios que sustentan la vida en la Tierra. El problema no es ya si el aire de una ciudad o dos está contaminado, el problema no es ya si muchos ríos llevan agua sucia, el problema no es ya si hay cada año un par de huracanes destructores o si una sequía o una epidemia golpea duramente a este o aquel grupo humano. El problema hace tiempo que dejó de ser local o regional. El problema ahora es que los humanos están alterando la composición y dinámica general de la atmósfera, modificando los flujos de energía y los ciclos de materia en los ecosistemas, cambiando el régimen de las corrientes oceánicas, alterando la proporción de energía que es absorbida o reflejada por el planeta, ocupando el territorio de las especies que controlan el equilibrio de las comunidades clímax de los biomas, esparciendo ruido y sustancias en el medio ambiente que se incorporan a las cadenas tróficas con consecuencias desconocidas, erosionando el suelo fértil que garantiza nuestro sustento, interviniendo el ciclo del agua que nos proporciona el agua dulce…

Por eso es tan esperanzador que los jóvenes estén empezando a movilizarse. Muchos adultos seguimos instalados en la condescendencia: ¡Es tan romántico y tan propio de la inmadurez preocuparse por las ballenas y los osos polares! Además los estudiantes, ya se sabe, cualquier excusa es buena para faltar a clase, como si así se fueran a solucionar los problemas. Si por ellos fuera montarían una huelga por cada causa ¡y hay tantas! para no esforzarse y estudiar que es lo que de verdad debería preocuparles. A quién le importan las ballenas o los osos polares cuando apremia la necesidad de poner un plato en la mesa de sus hijos…

La lucha es, como siempre, de los jóvenes.

https://www.fridaysforfuture.org/

 

Fecha: 16/03/2019