Desaparece un símbolo del intelecto humano

Hoy ha muerto Stephen Hawking a los 76 años de edad. El ser humano que ocupó la misma cátedra que Newton en la universidad de Cambridge y que conservó intacta su gigantesca capacidad mental a través de más de 50 años de esclerosis lateral amiotriófica (ELA). La historia de su vida supera cualquier ficción. Considerado uno de los físicos y matemáticos más dotados de la humanidad conquistó a las multitudes por su férrea voluntad de superación y su empeño de popularizar el conocimiento científico. A pesar de que la única movilidad que conservaba era apenas el movimiento ocular y uno de sus dedos, nunca se consideró un discapacitado; no podía respirar sin ayuda de un respirador y necesitaba un sintetizador de voz para hablar y, sin embargo, voló en globo y experimentó la ingravidez participando en un vuelo parabólico. Defendía que la única incapacidad es la del espíritu y que él se sentía plenamente satisfecho de su vida ya que conservaba su sentido del humor, un sentido del humor casi legendario que lo convitió en un icono del tiempo que nos ha tocado vivir.

Recuerdo a bote pronto dos anécdotas: la primera tuvo lugar cuando en 1985 se vio obligado a dejar de hablar para conectar su tráquea a un respirador. Un equipo de ingenieros americanos diseñaron para él un sistema de comunicación mediante sintetización de voz. Hawking, británico de nacimiento y de corazón, solía comenzar sus disertaciones diciendo “perdonen ustedes este acento americano…” La segunda anécdota tuvo lugar al final de una conferencia sobre la entropía como medida del desorden de los sistemas aislados cuando argumentó que los bits de información de su charla, al generar orden en las conexiones nerviosas de sus oyentes, eran responsables de un incremento del desorden del Universo tan grande que convenía ir acabando ya la conferencia…

Descanse en paz, Professor Hawking.

hawk

Nos consolarán sus libros de divulgación: Breve historia del tiempo y El Universo en una cáscara de nuez.

Fecha: 14/03/2018