El 14 de marzo es el día de π

Como ya saben todos en este centro bilingüe, en inglés las fechas suelen escribirse al revés que en español, es decir, en vez de día-mes que usamos en español, en inglés es primero el mes y luego el día. De modo que mañana es 14 de marzo, 14-3 en español y 3-14 en inglés. ¿Y no os suena eso de 3-14 de algo? ¡Claro, el número π de las matemáticas! Mañana se celebra en todo el mundo el día de π.

π es un número casi mágico que relaciona la longitud de una circunferencia con su diámetro. En este o en otros universos, allá donde existan circunferencias reales o virtuales, el número π aguarda una inteligencia que lo calcule. Buscamos π en las ondas de radio que llegan a la Tierra. Porque si algún día un radiotelescopio recibiera tres pulsos, pausa, un pulso, pausa, cuatro pulsos, pausa, un pulso, pausa, cinco pulsos, pausa, nueve pulsos, pausa… 3.14159265358979323846264338327950288419716939937510… Tal secuencia solo podría haber sido enviada por una inteligencia extraterrestre.

Se sabe que π tiene infinitos decimales y que, por lo tanto, es imposible que nunca nadie los calcule todos. De hecho el cálculo de los decimales de π es tarea hoy en día de lo que en inteligencia artificial se llama “centauros”, equipos de humanos y ordenadores que acometen la tarea con un entusiasmo difícil de entender para los no iniciados en las matemáticas. En 2002, Yasumasa Kanada y un equipo de matemáticos y expertos en ordenadores de la universidad de Tokio  calcularon 1,2411 billones de dígitos decimales de π, rompiendo su récord anterior de 206 mil millones de dígitos, conseguido en 1999.

El número π lo descubrió, que sepamos, Arquímedes de Siracusa. Ya sabéis, ese que cuando se le salía el agua de la bañera gritaba ¡Eureka! que, en contra de lo que pudiera parecer, en griego no significa ¡ostras qué fría! ni tampoco ¡llamad al fontanero! sino que significa ¡lo encontré! Y no se refería a la lentilla que se le hubiera caído, qué va. Parece ser que saltó de la bañera y recorrió medio desnudo la casa porque lo que había encontrado era la solución de un problema dificilísimo que le había encomendado el rey y que por fin su intelecto matemático había pergeñado descubriendo que el agua que se salía de su bañera ocupaba exactamente el mismo volumen que su cuerpo de científico semisumergido. Hoy se llama “principio de Arquímedes”: “todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje de abajo hacia arriba que es igual al peso del volumen de fluido desalojado”. Casi nada.

Otro matemático cuya vida estuvo ligada íntimamente al número π fue Ludolph van Ceulen, nacido en Hildensheim, en la actual Alemania, y que vivió y trabajó en Holanda. A caballo entre los siglos XVI y XVII él solito calculó los primeros 35 decimales de π. Al morir fue su deseo que la obra de su vida figurase en la lápida de su tumba y, aunque esta se perdió borrada por el tiempo, se restauró y hoy puede verse en esta foto:

Monument_voor_PI

By A.L. Boon – Stichting Pieterskerk Leiden, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8473059

 En Alemania y Holanda hay todavía centros de enseñanaza de matemáticas avanzadas que siguen llamando “número ludolfiano” a lo que nosotros llamamos π.

Algunos matemáticos piensan que si el Creador de este universo hubiera deseado firmar su obra es muy posible que hubiera elegido la secuencia infinita de π para esconder en ella un mensaje que explique por fin qué sentido tiene todo esto.

Fecha: 13/03/2019